Ramón, ya poseía antecedentes penales por consumo de estupefacientes -no se descarta que estuviera bajo efectos a la hora de realizar el intercambio- y por delitos contra la propiedad. La mujer debió quedar internada por una crisis, los menores quedaron a cargo de una tía paterna, resguardando su integridad psíquica y mental, por otra parte la justicia decidió incautar 3 celulares para seguir con la investigación y descubrir si hay mas involucrados, según lo que pudo adelantar el juez a cargo del caso.
Esto abre una incógnita: ¿Qué tan lejos puede llegar el desamor de un padre? Ser padre no es solo traer un hijo al mundo, sino que se trata de escucharlo, acompañarlo, cuidarlo y sobre todo hacerlo sentir que es importante. Hay ausencias que duelen, así como también hay decisiones que pueden marcar una vida. Un hijo en algunos casos puede entender que un padre no este presente, pero ¿Cómo se explica que un padre haya querido usar a sus hijos como objeto de intercambio?.
Quizá lo mas doloroso de este caso no es lo que Ramón haya querido hacer, sino en pensar como ese acto va a influir en el futuro de sus hijos que algún día van a tratar de comprenderlo. La sangre puede demostrar un vínculo, pero lo que realmente construyen familias son el amor, el cuidado y la contención. Y, si un padre es capaz de ponerle precio a sus hijos, ya no hay que preguntar solamente hasta donde puede llegar su desamor.
Tal vez la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Cuánto daño puede hacerle a un hijo saber que la persona de la cuál espera ser elegido, decide no hacerlo?
